Sobre tarifas de traducción

Para empezar a hablar de la traducción general, existe una tarifa media aceptada por casi todo el mundo que es de 7 céntimos por palabra del texto original. Ahora bien, existen variaciones. Debido a la ley Ómnibus (ley 25/2009, de 22 de diciembre, de modificación de diversas leyes para su adaptación a la Ley sobre el libre acceso a las actividades de servicios y su ejercicio), fijar precios en un sector profesional está prohibido. Esto no quita para que si investigamos en Internet, haya algunas coincidencias entre los traductores profesionales.

Si bien 7 céntimos sería el precio considerado “digno” para pagar un buen servicio de traducción, habitualmente el cliente suele discrepar y buscar precios más económicos. Esto lleva a la competencia desleal en el sector, al no existir un precio mínimo por ley, existen traductores (y profesionales de otros sectores que esporádicamente actúan de traductores) que con la intención de conseguir trabajo, especialmente cuando son poco experimentados y temen que no los contratarán por ese motivo, tienden a bajar el presupuesto y, en ocasiones, pueden aceptar precios de venta al público ridículos. De esos 7 céntimos originales, hay quien incluso pide algo más pero para eso se suele necesitar ser un traductor experimentado y asentado en el mercado laboral durante años. Los traductores que están entrando en el mercado suelen resignarse y bajar los precios. Hay quien admite que 6 céntimos por palabra sigue siendo un precio decente para cumplir con el cliente. También hay quien baja más todavía y considera que 5 céntimos por palabra son aceptables, especialmente para compensar la falta de experiencia profesional, y todavía pueden salir del paso con la cabeza alta. Depende de cada uno, de lo que se pretenda ganar, de su productividad por horas, depende de si nos dedicamos a esto a tiempo completo o para conseguir un dinero extra.

Los precios por debajo de 0,045€ por palabra se ven todavía en muchos sitios. No se suelen encontrar publicaciones en Internet que hayan sido redactadas por un traductor profesional donde admita haber cobrado ese precio. Una posible explicación pudiera ser que si alguno acepta bajar tanto las tarifas, no quiere quedar mal con el resto de profesionales. Lo que sí he encontrado ha sido alguna agencia de traducción que se oferta con precios de “a partir de 0,045€” e incluso “a partir de 0,03€”, lo que no me deja claro cuál es el precio real al que luego facturan las traducciones, porque podría tratarse de un método de publicidad para atraer clientes.

En cuanto a los traductores profesionales, cuando publican artículos sobre las tarifas, muchos omiten cuales son las suyas o hablan de tarifas genéricas y teóricas. Uno acaba preguntándose cuántos de estos traductores de verdad respetan esos precios y cuántos negocian en privado con el cliente un precio inferior. Según Estefanía Cantero: «algunas personas publican sus tarifas, pero esto no quiere decir que todo traductor deba cobrar lo mismo, y viendo cómo está el asunto y lo competitivos que pueden llegar a ser los traductores, llego a pensar que aquellos que publican sus tarifas no las respetan al cien por cien…». Pero, en realidad, ¿podemos culparles por no publicar sus tarifas? Como dice Jordi Barcells Antón: «El caso es que no todos los encargos cuestan lo mismo de parir, con lo que, con una tarifa fija, unos salen más rentables que otros. Hasta ahí nada nuevo. […] Pero, ¿qué pasa cuando un cliente nuevo nos pide tarifas generales, así, sin hablar de encargos concretos? […] A un cliente nuevo que nos pide tarifas podemos decirle: de tanto a tanto, con un extra de tanto por urgencia o fin de semana y con un extra de tocamiento de narices por referencias múltiples, glosarios inconsistentes, memorias de traducción sucias y sopa de etiquetas. Así nos curamos en salud y sabemos que siempre tendremos la misma rentabilidad, porque siempre cobramos lo que cuesta. Ya que estamos, podemos intentar colarle una tarifa por horas reales. Total, probablemente no volvamos a saber de este cliente a no ser que estemos hechos unos verdaderos amos. O podemos decirle: mi tarifa típica es esta, pero depende de cada proyecto. Eso está bien, así no te atas a una tarifa y, ante un encargo del infierno, puedes justificar una subida de tarifa». ¿Qué pasa aquí? Que Jordi habla de subir los precios por recargo, mientras que Estefanía hablaba de los que bajan los precios por los suelos a escondidas. Uno es la actitud de un profesional que estima su trabajo, lo otro es dañino para el mercado. Si bien ambos supuestos no tienen nada que ver, lo importante es mencionar aquí que fijar unas tarifas en piedra es muy complicado para un traductor y, hacia arriba o hacia abajo, pueden variar. Por esto, no podemos enfadarnos con los traductores profesionales que no publican sus tarifas o que las publican de forma orientativa. En la tabla de tarifas, publicada por la agencia Tradusur, por ejemplo, se deja bien claro que «Todos los precios son orientativos. Cada proyecto se estudia de forma individual y personalizada, teniendo en cuenta la complejidad del original, el plazo de entrega, formato y volumen de trabajo».

Sobre precios de traducción general, Georgina López nos dice: «les pregunté acerca de las tarifas a los compañeros con más experiencia. Ellos lo tenían muy claro: no les compensaba trabajar con agencias por menos de 0,06€/palabra y aplicaban una tarifa más alta en el caso de clientes particulares. Al mencionar los famosos 0,03 y 0,04€/palabra, todos estuvieron de acuerdo en que al final de mes no merecía la pena dedicarse a la traducción a tiempo completo, pues como comentó uno de ellos “para ganar 1.600 euros a 4 céntimos tienes que hacer 40 mil palabras. Descuéntales los -280 euros de autónomos, el 20% de IRPF que tocará al cabo del año fiscal (-320). Son 600 euros menos. O sea, mileurista (sin contar gastos de luz, internet, teléfono…)”».

Todos sabemos que el trabajo de autónomo en ocasiones abunda y en otras escasea, viene por oleadas. Por desgracia, cuando el trabajo es mínimo, uno suele a ser más flexible con las tarifas. Como dice Nuria Viver Barri: “Si me piden una traducción cuando estoy trabajando en otras traducciones, tengo tendencia a pedir una tarifa más alta, seguramente porque no me importa demasiado que no me la acepten. En cambio, cuando hace días o semanas que no tengo nada que traducir, me lo pienso mucho y puede que les proponga mi tarifa mínima, ¡nunca menos!”

También hay quien permite a los clientes obtener un precio más económico a cambio de ampliar el plazo de entrega del proyecto. Por el contrario, la mayoría de traductores añaden un recargo (oscila entre el 20-25% del precio de la traducción) por entregar con urgencia.

Los profesionales del sector suelen establecer, en resumen, que un buen precio para la traducción general se sitúa entre los 5 y los 7 céntimos por palabra, redondeando a lo bajo para poder entrar al mercado profesional. Como venimos hablando, muchos traductores no mencionan sus tarifas al escribir artículos sobre el tema. Esto se debe a que cuando uno empieza a buscar documentación sobre las tarifas de traducción, espera encontrar euros y una respuesta más o menos estable, lo que ocurre en realidad es que las tarifas son contextuales. La frase más repetida en traducción es “depende”. Posiblemente, los traductores que no dan un precio fijo, toman esta decisión porque la tarifa varía según el caso. ¿De qué depende una tarifa de traducción?

Depende de la combinación lingüística. Cuanto más raro sea un idioma, más alto será el precio. En mi caso, la combinación desde el inglés o el francés al español es una de las “baratas” debido a lo comunes que son estas lenguas.

Estaríamos hablando de traducción directa (hacia tu lengua materna), hay quien afirma que se puede cobrar extra por una traducción inversa (hacia tu segundo o tercer idioma). La lógica de esta afirmación es que al ser una lengua en la que tienes mayor dificultad para trabajar, vas a producir menos palabras por hora, por tanto se compensa la pérdida económica con una subida de tarifas. En mi opinión, si tarifas al cliente por un servicio con un recargo que se basa en que no dispones de los conocimientos adecuados para que la traducción parezca hecha por un nativo, resulta que le vendes al cliente un producto del que probablemente se resienta la calidad y que vas a tardar más horas en terminar. Cuando el cliente averigüe que podría recurrir a otro traductor que disponga de los conocimientos de un nativo y lo facture como directa, probablemente salga con una mala impresión de tu profesionalidad. Lo mejor si creemos no ser capaces de realizar un trabajo es declinarlo cordialmente o ayudar al cliente a encontrar a alguien que sea capaz.

Depende del país para el que estemos trabajando. Facturar al extranjero puede ser más lucrativo que facturar para España, pero también se pueden encontrar precios más bajos, en cada caso habrá que hacer un estudio de mercado para saber a cómo se factura una traducción en ese país. Se equiparan nuestros precios a los suyos con el objetivo de no presentar una competencia desleal a los profesionales del país y, además, la mentalidad del cliente y lo que está dispuesto a pagar por el servicio varía.

Depende de la especialidad. Hasta ahora hablaba de traducción general, llamémosla “fácil”. En una traducción con terminología especializada, el tiempo de documentación aumenta, al igual que el trabajo del traductor para asegurar la calidad y disminuye la producción de palabras por horas. Entonces la tarifa aumenta desde unos 2 o 3 céntimos sobre la tarifa general, hasta los 12 o 15 céntimos. Pero no creo que se pueda hablar de una tarifa fija para las especializadas, porque dependen del tipo de especialidad en la que te muevas. Retomaremos el tema más adelante.

Depende de tu productividad por hora. Se habla de entre 300 y 500 palabras por hora.

Depende de la experiencia. Un traductor con años de servicio podrá permitirse fijar precios más elevados que uno joven. Eso no significa que los novatos deban tirar las tarifas por los suelos para intentar comprar su entrada a un mercado laboral. En palabras de Estefanía Cantero: «el precio de una traducción se establece en función de la experiencia del traductor, la formación, el nivel de especialización, las condiciones bajo las cuales se realiza la traducción, el país donde se declara la actividad, etc. En mi caso, por ejemplo, que acabo de terminar los estudios y no tengo ningún tipo de experiencia laboral [artículo publicado en 2014, asumo esta situación habrá cambiado], no veo lógico cobrar lo mismo que un traductor que lleve 20 años dedicándose a esta profesión. No obstante, esto no quiere decir que la diferencia de precio sea enorme, porque si yo, por ser “novata”, cobro 0,03 euros/palabra, y teniendo en cuenta que la mayoría de agencias no se preocupan demasiado por la calidad de los resultados, voy a “monopolizar” el mercado y esto es el pez que se muerde la cola». Mención merece el hecho de que cuando investigamos en Internet, revolvemos en el baúl de los recuerdos y debemos comprobar que los artículos sean lo suficientemente recientes como para aportar fiabilidad.

Puede depender de tu volumen de trabajo. Si estás demasiado libre, tiendes a aceptar precios inferiores. Si tienes demasiada tarea, no te preocupa tanto perder la oportunidad. También puedes aplicar recargos por urgencia y, al contrario, puedes dar a escoger al cliente ampliar el plazo de entrega a cambio de precios más económicos.

Depende del cliente. No se trata solo de si el cliente quiere aceptar los precios propuestos o si quiere negociar tus tarifas. También existen dos tipos de clientes según la relación que mantengas con ellos. Un cliente directo, con el que tratas sin intermediarios, normalmente te pagará más que un cliente que use como intermediario una agencia de traducción. No porque el cliente pague necesariamente un precio inferior, sino porque la agencia retiene un porcentaje de los beneficios. Por ese motivo, las agencias suelen recurrir a traductores que cobren menos, porque cuanto menos pida el traductor, mayor margen podrán adjudicarse. Yo creo que una agencia debería negociar con sus traductores el porcentaje que se quedarán como intermediarios, pero en realidad, lo que hacen es acumular listas de contactos y recurrir de entre ellos a los traductores más económicos.

Actualmente, el precio también puede depender del uso de un programa de traducción asistida. No se puede facturar lo mismo a una agencia que te proporcione mucho material (memorias de traducción, glosarios…), y sea de calidad, que a un cliente que no proporcione más que el documento. Traducir un texto con una buena memoria es mucho más rápido que la forma “artesanal”. Lo que se hace es establecer tres precios: uno por coincidencias totales, otro por coincidencias parciales (que requieren cierto trabajo del traductor) y, por último, cuando no hay coincidencias se considera una traducción completamente nueva y el precio es mayor. Oscila un poco, pero en general se tarifa a 2 o 3 céntimos por palabra en coincidencias totales, 4 o 5 céntimos en coincidencias parciales y a partir de 6 o 7 céntimos en nuevas traducciones.

También puede influir el formato del documento. Un archivo de Word que sea sencillo de maquetar no supone el mismo trabajo que la maquetación de un documento pdf, de InDesign… Estaríamos hablando de un servicio extra proporcionado y de un recargo por maquetación. Se puede facturar por horas reales, aunque también lo he visto aplicado como un recargo porcentual del precio original.

Depende del material que te proporcionen, de su calidad y de cuánto trabajo implique. Esto no solo incluye las memorias de traducción y glosarios que comentábamos. Para traducciones de doblaje y subtítulos, un buen guion escrito facilita el trabajo. En una revisión, un texto de calidad será más fácil de corregir que uno plagado de faltas. En una transcripción, un audio de mala calidad aumentará nuestras horas de trabajo. En traducción jurada, una colega comentaba de un caso en que le habían propuesto sellar una traducción que había realizado otra persona a cambio de unos 5 euros, lo rechazó y yo apoyo la decisión. El mejor consejo que puedo dar, no a los traductores sino a los clientes que quieran economizar el gasto, es que no sean cutres, por favor.

Una vez tratado el tema de las tarifas básicas de traducción, pasamos a hablar de la especialización. Es importante para fijar un precio que primero sepamos en qué nos vamos a especializar y qué servicios vamos a ofertar.

Por ejemplo, podemos ofertar servicios de revisión, corrección, transcripción, etc. Estos trabajos ya no suelen facturarse por palabras sino mediante una tarifa horaria. También he visto quien prefiere facturar la revisión a 3 céntimos por palabra o facturar las transcripciones por minuto de audio, porque afirman es mucho más sencillo tratar con el cliente de esta manera, ya que la tarifa horaria puede parecer más difícil de justificar. Para poder presupuestar este tipo de trabajo, es necesario saber estimar cuántas horas vamos a emplear en la realización de un trabajo y multiplicarlas por nuestra tarifa. Viene muy bien explicado en el Taller del Traductor por Elizabeth Sánchez, donde nos recomienda que lo mejor es disponer del documento con el que vamos a trabajar antes de emitir el presupuesto. Lo que haremos será realizar unos cinco o diez minutos del encargo, con esto estimaremos nuestra productividad por horas y por tanto las horas que tardaremos en acabar el proyecto a modo orientativo. Para esto, el cliente tiene que estar dispuesto a proporcionarte el documento. En caso de no disponer del archivo, lo mejor será basarse en experiencias anteriores, lo que es una faena para los traductores poco experimentados. No se tardará lo mismo en revisar un texto con pocos errores que en un texto plagado de faltas. No se tarda lo mismo en una revisión que en una corrección. La revisión o edición es revisar el texto leyendo paralelamente el original y la traducción, oración por oración, en busca de posibles errores como la mala interpretación del texto de partida por parte del traductor, heterogeneidad en el uso del vocabulario, mal uso de la lengua en el texto de llegada… desde el punto de vista del estilo, la coherencia y la semántica. Mientras que la corrección consiste en verificar la ortografía, la gramática, la puntuación y la redacción, se centra más en el texto meta. No se tarda lo mismo en transcribir un audio con mala calidad que uno que se oiga claramente. Por todo eso es importante tener el documento delante. ¿Cuánto se puede cobrar por hora? Si en palabras calculamos que en una hora se producen 300 palabras y las facturamos a 7 céntimos, suma un total de 21€. No sería descabellado establecer una tarifa de entre 20 y 25€, dependiendo de nuestra productividad.

En mi caso, mi especialidad sería la traducción audiovisual (subtitulación y doblaje), la jurada de francés a español y la literaria.

En la traducción jurada existe la costumbre de cobrar una tarifa mínima independientemente de la brevedad del texto. Este precio mínimo oscila entre los 30 y 35€, este precio cubre el sello del traductor que reconoce el documento como oficial y confirma que la traducción mantiene el sentido exacto del original, ese es el servicio que se está pagando con esta tarifa. A partir de ese mínimo, la tarifa pasa a ser por palabras. Al ser un texto especializado, el precio sube. Se puede encontrar desde 10 a 15 céntimos por palabra fácilmente. También hay quien factura por páginas, desde 35 a 45€ por página. Si el cliente necesita copias extra, que no requiere trabajo de traducción pero sí expedir el documento sellado, hay quien carga un 25% del precio original por cada copia emitida. Al tratarse de documentos sellados oficiales, suele incluirse el gasto de mensajería en la factura. También he encontrado quien oferta el envío gratuito.

En cuanto a la traducción literaria, existen muchas críticas al mercado profesional de esta especialidad debido a las cláusulas abusivas que pueden incluir los contratos y lo poco que se percibe por derechos de autor. Se puede facturar por plantilla que equivale a entre 1800 y 2100 caracteres con espacios. La media de la plantilla está en 11 o 12 euros. El mejor resumen lo hace Scheherezade en su blog En la Luna de Babel. También merece la pena el artículo de David Paradela López para Trujamán, donde explica más detalles sobre las plantillas y donde habla de algo muy importante. El traductor literario tiene derecho a un porcentaje de «compensación por recuento» sobre la tarifa facturada por plantillas que oscila entre el 10% y el 20%, y lo más importante es que hay editoriales que tratan de omitir esta cláusula de los contratos, así que los traductores que desconozcan su aplicación no la reclamarán. Finalmente, el traductor puede adjudicarse derechos de autor que parece oscilan entre el 1% y el 3% de las ventas, no es mucho, pero empeora la cosa, porque también hay editoriales que tratarán de regatearlo a la baja o de excluirlo. Lo de siempre, o aceptas o nos buscamos a otro. Según Scheherezade, el traductor también puede recibir algún ejemplar de su obra como obsequio por parte de la editorial y ella estima la media de ejemplares en tres, pero como todo, esto puede variar. La traducción literaria, además, puede estar exenta de IVA por ser un trabajo creativo.

La traducción audiovisual tiene fama de escasear en el mercado. ¿Cómo se puede facturar esta especialidad? Pues depende del servicio prestado. Por ejemplo, en la subtitulación hay quien factura por subtítulos, entre 15 y 18 céntimos dependiendo de si se dispone de guion escrito o hay que sacar la traducción “de oído”, pero también hay quien factura por minuto de vídeo o por rollo (periodos de 10 minutos). También debería poder establecer recargos en la factura si tenemos que transcribir el guion nosotros mismos, si hay que sincronizar los subtítulos con el vídeo o si lo que nos piden es un servicio de revisión o de adaptación para persona con problemas auditivos. Este tipo de servicios se facturaría por horas. En caso de facturar por subtítulos, existe la leyenda urbana de que en Francia se factura a 2,80€ por subtítulo.

¿Cómo se factura el doblaje? Depende, a parte de todo lo anterior, de si nos piden que se realice solo una traducción o también el ajuste. El precio por ajustar un vídeo puede ser igual o mayor que el de una traducción. El ajustador y el traductor no tienen que ser la misma persona. También depende de qué estemos traduciendo y para qué medio sea. Se cobra menos por traducir una película de dibujos animados que una de actores, porque todavía existe la teoría de que son más sencillas y con menor precisión labial. Se cobra más por una película para el cine que si el producto final se emitirá en festivales o en televisión. No siempre se dispone de guion final (de posproducción) y calcular el número de palabras de una película es más bien pesado, así que se suele cobrar por tiempo de vídeo. Hay quien factura por largometraje completo. También se puede marcar por rollos o por minutos. Facturar por rollo es más económico para el traductor que por minuto, porque un rollo es un periodo de 10 minutos aunque ese tiempo no esté completo. En una película de 123 minutos, se facturarán 13 rollos o 123 minutos. Los precios varían entre 35 y 40 euros por rollo, o entre 3,5 y 4 euros por minuto. En algunos casos, como la traducción de guiones para cine, la traducción audiovisual puede estar exenta de IVA.

Como conclusión, las tarifas de traducción dependen de muchos factores y no son en absoluto fijas. Intentar mantener unas tarifas decentes debería contribuir a mantener el mercado a flote, pero de la teoría a la práctica hay mucho margen. Mi mejor consejo es no esperar a recibir un encargo para empezar a estudiar unas tarifas y a aprender a facturar o presupuestar. Además, es importante valorar tu tiempo y tu trabajo, porque eso se notará a la hora de defender tus tarifas frente a los clientes.

Enlaces de interés:

7 simple steps for setting your translation rates – The Open Mic

Cómo presupuestar una revisión o transcripción o cualquier otro trabajo por horas – Elizabeth Sánchez

Cinco estrategias para establecer tarifas como traductor autónomo – Elizabeth Sánchez

Entra preguntando, salir tarifando – Irenetraduce

¿Cuánto se cobra por una traducción? – Estefania Cantero

Tarifas: El autónomo que se convierte en agencia mala – Alessandra Vita

Peticiones masivas de clientes ¿nos interesan todas? – Leon Hunter

Las tarifas de traducción: esas grandes desconocidas – Gemma Traductora

Las tarifas del autónomo y el engranaje de la automatización – Jodi Balcells

A qué clientes me dirijo y qué precios aplico – Ricard Lozano

Las tarifas de traducción y la teoría del barbero – Juan Pablo Sans

¿Cuál es su mejor tarifa? – Nuria Viver Barri

Tarifas de traducción aceptables – Georgina López

¿Cuánto cobro? – Asetrad

¿Cómo determinamos las tarifas de una traducción? – Bona Dicta Traducciones

Servicios y precios – Ruth Gámez

Servicios y precios – Fausto Navarro

Traducción: precios y tarifas – Ibidem Group

Traducción para empresas – Idiomplus

Traducción urgente – Mondo Agit

ABC Translink

Tarifas de traducción – Somos traductores

Big Translation

Bounty Translate

Tarifas – Tradusur

Tarifas – Laboratorio de idiomas

Traducciones juradas – GL Traducciones

Tarifas de traducción jurada – Traducción jurada oficial

Tarifas y precios de traducción jurada – Traducción jurada

Libro blanco de la traducción editorial en España – Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Libro blanco de la traducción editorial – ACE Traductores

Modelos de contrato – ACE Traductores

Preguntas frecuentes – ACE Traductores

Traducir para editoriales – En la Luna de Babel

Traducir a la letra: H de holandesa – David Paradela López (El Trujamán)

Derechos de autor y traducción: lo que se tiene que saber – Bookworm Translations

LPI: Propiedad intelectual y traducción – ACE Traductores

Derechos de autor y traducción – Eduardo Barrero

Tarifas – La traducción visual

Las traducciones audiovisuales están exentas de IVA – Bbo Subtitulado

Perfil del traductor audiovisual y de videojuegos: una mirada al mercadoLa linterna del traductor

El arte de presupuestar – La linterna del traductor

Mistranscripciones

Tarifas – Mistranscripciones

¿Qué es una transcripción? – BPL

Revisión y corrección de textos – HK-Übersetzunger

Diferencias entre edición y corrección – Trusted Translations

Editing vs Proofreading: What’s the difference? – Upwork

Traducir y revisar cobrando por horas en lugar de por palabras – Pablo Muñoz Sánchez


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